lunes, 23 de marzo de 2009

El proteccionismo

En el intento por atenuar los perniciosos efectos derivados de la actual crisis económica mundial, los distintos países tienden a adoptar políticas que, en la jerga de la economía convencional, son interpretadas como “proteccionistas”.
Ese término engloba no solo medidas que limitan el comercio internacional, sino también aquellas que buscan incentivar de forma diferenciada la producción nacional o prevenir que los empleos se vayan –arrastrados por el capital y las inversiones itinerantes- hacia otros países. Las manifestaciones del asunto proliferan: desde la cláusula “buy America” (comprar lo que se produce en Estados Unidos) incorporada por el Congreso estadounidense en el paquete de estímulo fiscal aprobado hace unas semanas, hasta las disposiciones adoptadas en Francia para que sus bancos den preferencia a las empresas francesas.
El asunto causa grave escándalo en los medios de la sabiduría económica oficial, la cual aduce que ese tipo de disposiciones eventualmente frenarían el comercio a nivel mundial y con ello provocarían un ahondamiento de la crisis. En respaldo de esta tesis se trae a cuento lo ocurrido durante la depresión de los años treinta del siglo XX. En sus versiones más sofisticadas se recurre a las elaboraciones intelectuales de la teoría del comercio internacional. El tema ha provocado declaraciones de figuras mundiales –incluidos Obama y el Primer Ministro británico- quienes se han sentido en la necesidad de afirmar su adhesión al libre comercio.
En todo esto abundan contradicciones, doble moral, falacias teóricas, ideología e intereses.
1. Las contradicciones
Si todos los países se cerraran al comercio, éste evidentemente se desplomaría. Claro que eso no conviene, pero ello no afirma que el comercio sea universalmente beneficioso, como lo pretende la economía convencional. Sin embargo, y antes de que ninguna política proteccionista haya hecho sentir su efecto, en estos momentos estamos presenciando un desplome brutal del comercio mundial. Alemania, Japón y China –tres superpotencias exportadoras- son ejemplos dramáticos de tal cosa. En enero de 2009, y comparado con el mismo mes del año anterior, las exportaciones japonesas experimentaron un retroceso de -45,7% y las alemanas de -20,7%. En febrero las exportaciones chinas fueron un -25,7% menores respecto de un año antes. No muy diferente es el caso de la pequeña Costa Rica, donde las exportaciones representan un 55% del PIB.
Entonces, cuando se advierte en contra de políticas proteccionistas que pudieran frenar el comercio ¿de qué realmente se está hablando si de todas formas –por efecto de la profunda recesión mundial- el comercio se está cayendo de forma estrepitosa?
En esas condiciones, se vuelve imperativo tomar medidas que atenúen el daño que ocasiona la caída del comercio. Un ejemplo de ello lo aporta China con acciones masivas de estímulo fiscal (US$ 500 mil millones en un primer paquete que, con seguridad, será seguido por otros).
En general, cuando el problema asume estas características se hace imperativo recurrir a otras políticas, alternativas a las de libre comercio en su acepción ortodoxa. O al menos así debería ser si hay verdadero interés por evitar un deterioro catastrófico de la economía y una explosión descontrolada del desempleo.
Es entonces cuando quedan al desnudo las impudicias ideológicas de la retórica librecambista y todo lo banal de sus abstracciones teóricas. Defender la dogmática del libre comercio, cuando las cosas toman este cariz, es una apuesta clarísima a favor de los intereses del capital transnacional, para el cual existe patria tan solo cuando necesita del Estado para que le enmiende sus tortas.
En cambio, rechazan con fiereza cualquier reorientación de las políticas que ponga en el centro el empleo y las empresas que sí son nacionales. Doble discurso y, sobre todo, doble moral. Justo eso es lo que se expresa hoy día, a nivel mundial, en la prédica decadente que intenta salvar del desastre un librecambismo que, escondidito tras los excesos de los especuladores financieros, comparte con éstos mucha de la responsabilidad por la actual crisis global.
2. Falacias teóricas
La defensa del libre comercio se sustenta en diversas elaboraciones teóricas, cuyo núcleo fundamental –no obstante el nutrido enramado de adornos que le han agregado- sigue siendo la teoría de las ventajas comparativas, originada en David Ricardo. La idea básica es simple y tiene todo el poder que el pensamiento popular atribuye al sentido común: si un país comercia, lo hará exportando aquello en lo que es más eficiente e importando lo que produce menos eficientemente. Ello lleva a la especialización y, por esa vía, a una mayor productividad y riqueza.
La teoría se construye imaginando un mundo de tan solo dos países. Todas las sofisticaciones posteriores –que incluyen un pesado instrumental matemático- poco hacen por mejorar ese caricaturesco punto de partida.Se opera así en un altísimo nivel de abstracción, donde el mundo real desaparece. Pero, no obstante lo anterior, se pretende que sus conclusiones sean válidas –e incluso obligatorias- en ese mundo de la realidad. Ello es peligrosísimo.
En la vida real, el comercio es –como todo en la economía- un espacio de poder y de intereses. En ese juego conflictivo se deciden pérdidas y ganancias y formas variables de distribuir unas y otras. Así lo hemos visto en los procesos de transnacionalización de los últimos decenios, donde los campos respectivos de ganadores y perdedores han estado muy bien demarcados. Si eso es así en general, lo es mucho más en un contexto de crisis como el actual.
Cuando las cosas van bien, los poderosos buscan acaparar lo más que puedan de las ganancias. Cuando van mal, procuran seguir ganando y que otros –grupos o sectores o países débiles- carguen con todas las pérdidas.Un compromiso mínimo con la democracia y la justicia hace necesarias políticas alternativas, que traten de controlar y atenuar el daño que acarrea la actual deriva destructiva mundial.
Pero, de nuevo, esto supone hacer cosas distintas a aquellas que, por casi treinta años, han sido impuestas a nivel global por el capital transnacional hegemónico. Como era esperable, éste se opone rabiosamente a esa posibilidad, no obstante que lo que se pone en evidencia es la bancarrota de su modelo.
3. Alternativas frente al “discurso único”
Detrás de la defensa dogmática del libre comercio no solamente hay un interés por impedir que se pongan en marcha políticas que recojan los intereses y necesidades de otros grupos y sectores distintos al capital transnacional, sino que con ello se intenta darle nueva vigencia al discurso único mediante el cual el neoliberalismo mundial intentó justificar, en los últimos tres decenios, la prevalencia de los intereses de ese capital transnacional y de los países ricos.Cuando nos dicen: no intenten esa política porque ello implica proteccionismo y agudizará la crisis, en realidad nos repiten –casi con las mismas palabras- lo que vienen diciendo desde hace treinta años: que si las cosas no se hacen como ellos dicen y a la medida de sus intereses, entonces el mundo se derrumbará. En realidad, lo que estamos viendo es que el mundo se está derrumbando justo porque las cosas se hicieron a como ellos quisieron que se hicieran.
En realidad, la crisis hace urgente un cambio. Al menos es así si se busca impedir que sus costos se recarguen sobre quienes son más débiles y si, además, se pretende que en la economía haya un poco de racionalidad, suficiente, al menos, para impedir nuevos desastres como el actual (que en el futuro podrían ser peores). O sea, la crisis convoca con urgencia a hacer las cosas de otra forma.
Vale entonces reivindicar nuevas formas de comerciar entre países, de integrarse y cooperar. Aquí cobra inusitada vigencia la idea de la desconexión propuesta hace 20 años por Samir Amín. Solo que, con seguridad, convendría llamarla de otra forma, a fin de evitar equívocos (sobre todo el error de interpretarlo como una opción de aislamiento y autarquía), y, por supuesto, es necesario darle contenidos prácticos específicos y adaptados a las condiciones de los distintos países y regiones.
En todo caso, es válida, e incluso urgente, en el caso de los países del sur.Se trata de construir agrupamientos regionales que reconstruyan las condiciones del comercio, las finanzas y la cooperación económica, social, cultural y política. En lo inmediato –es decir, para este momento y los años inmediatos venideros- de lo que se trata es de cortar los circuitos que trasmiten los efectos destructivos de la crisis.
En un plazo más amplio, se trata de redefinir las bases del desarrollo desde criterios de democracia, justicia, igualdad y respeto a la naturaleza, para lo cual es indispensable redefinir también las formas de relación con el capitalismo mundial.

El SUCRE: frente a la crisis, un proyecto de integración monetaria al servicio de los pueblos


rebelion.org


La crisis económica mundial que estamos viviendo tiene su origen último en la posición privilegiada que EE.UU. logró durante la segunda mitad del siglo XX en el sistema monetario y financiero mundial. La aprobación de los Acuerdos de Bretton Woods de 1944, con la adopción del patrón dólar-oro para regir las relaciones económicas internacionales, supuso el reconocimiento de la posición de EE.UU. como potencia capitalista hegemónica. Este statu quo quedó reafirmado después de la ruptura de dicho patrón, que constituía uno de los pilares de Bretton Woods, tras la declaración de no-convertibilidad del dólar en oro hecha por el presidente Nixon en 1971. A partir de ese momento EE.UU. reforzó aún más su posición de privilegio al pasar el dólar a convertirse en “divisa-clave” y principal activo de reserva a nivel internacional. Gracias a ello, y a la continua atracción de recursos financieros internacionales que ejerció Wall Street desde al menos los años ochenta, EE.UU. ha podido permitirse la “exportación” de sus desequilibrios macroeconómicos, tanto internos como externos, al resto del mundo.


Esta situación, unida a la liberalización de los movimientos de capital a nivel internacional, ha permitido la profundización del proceso de financiarización que actualmente domina la economía mundial. Un proceso que ha conseguido una auténtica subordinación de la senda productiva a las exigencias de la financiera, llevando a una apropiación cada vez mayor del producto nacional para retribuir al capital financiero o, lo que es igual, a una auténtica expropiación financiera de las rentas del trabajo. Y que, además, se encuentra en el origen de la intensificación de la virulencia de las burbujas especulativas que degeneraron en crisis en Asia en el año 1997, en Rusia en el 1998, en Argentina en 2001 y en Estados Unidos desde 2007, con el agravante de que esta vez, y por haber tenido su origen en el epicentro neurálgico del capitalismo financiarizado, dicha burbuja ha degenerado en una crisis global de magnitudes difícilmente mensurables aún.


Ante esta situación, y dada la falta de voluntad política del G-20 para proponer una transformación ni tan siquiera parcial del funcionamiento del sistema monetario y financiero mundial, se impone la necesidad de explorar nuevas alternativas. Una necesidad que es tanto mayor para aquellos estados que se encuentran más comprometidos con el bienestar de sus ciudadanos que con la reanimación de un sistema financiero internacional que ha dado sobradas muestras de su naturaleza depredadora sobre dicho bienestar y de su tendencia autodestructiva en cuanto las fuerzas de la especulación se liberan mínimamente de las suaves regulaciones que tratan de contenerlas.


Así, a nadie debería extrañar que en el marco de una iniciativa que ya fuera pionera en su momento en la búsqueda de unas relaciones económicas internacionales basadas sobre criterios de complementariedad, cooperación y solidaridad, como es la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA), se esté fraguando la creación de un nuevo proyecto contrahegemónico, esta vez en materia monetaria y de ordenación de los flujos comerciales. En este sentido, si ya el ALBA fue un proyecto marcado por su fuerte carácter antiimperialista en un contexto de intensificación de los esfuerzos de Estados Unidos por crear una zona de libre comercio a nivel continental (el ALCA), la propuesta de creación del Sistema Unido de Compensación Regional de Pagos (SUCRE) planteada en la Cumbre del pasado 26 de noviembre por los países del ALBA y Ecuador supone no sólo un importante avance en este proceso alternativo de integración, sino también un medio para sacudirse la hegemonía estadounidense -y, por ende, del dólar- en sus relaciones económicas.


Esta propuesta tiene, no por casualidad, su inspiración última en el Plan Keynes, presentado por el economista inglés en Bretton Woods como alternativa al Plan White, representativo de los intereses de EEUU y que fue el finalmente aprobado y puesto a funcionar. Al igual que la Unión de Compensación Internacional que proponía Keynes, el SUCRE se basaría, por una parte, en la instauración de una unidad de cuenta común o moneda contable (de mismo nombre que el Sistema, esto es, sucre) en la que se denominarían todos los intercambios comerciales y financieros. Y, por otra parte, en el establecimiento de una Cámara de Compensación de Pagos en la que todos los países mantendrían una cuenta denominada en sucres en donde se irían anotando todas las operaciones de exportación e importación entre los países participantes durante un periodo determinado, a cuya finalización se procedería a la liquidación del saldo de cada uno de ellos con la Cámara, ya fuera éste positivo o negativo. Este sistema se completaría con la institución de un Consejo Monetario Regional encargado de gestionar el Sistema y con la creación de un doble fondo financiero constituido con aportaciones de todos los países miembros. El objetivo de ese fondo sería doble. Por un lado, actuaría como fondo de reservas para dotar de la estabilidad financiera necesaria al Sistema y al sistema de tipos de cambio fijos alrededor del cual se formaría el sucre. Y, por otro, funcionaría como fondo de desarrollo para la canalización de recursos hacia proyectos productivos regionales que serían la necesaria base para impulsar la integración económica a la que el Sistema, en última instancia, aspira a promover.


En este sentido, el SUCRE no se trata simplemente de un mecanismo técnico de simplificación de las transacciones comerciales intrarregionales sino que presenta ventajas económicas y políticas de importancia:En primer lugar, la adopción de una unidad de cuenta común supondría una progresiva desdolarización de las relaciones económicas intrarregionales y sería, a su vez, el primer paso que permitiría avanzar, en un segundo momento, en el proceso de integración monetaria mediante la creación de lo que podría llegar a ser una moneda común con emisión física y circulación real.En segundo lugar, la capacidad que tendría cada país de compensar multilateralmente los distintos saldos de su comercio permitiría una aminoración relativa de sus necesidades de financiación internacional, así como una liberación parcial de sus reservas de divisas, dotándoles de una mayor capacidad financiera. Evidentemente, esta ventaja se ampliaría a medida que aumentara el número de países que se incorporasen al acuerdo. En tercer lugar, supondría un importante estímulo para potenciar las relaciones comerciales de unos países cuyas economías han estado hasta el momento completamente orientadas hacia el Norte, favoreciendo el comercio dentro de la región y con ello, y siempre que éste se articule en torno a los principios que rigen el ALBA, el bienestar global.Por último, esta nueva orientación se apoyaría en el desarrollo de los proyectos financiados por el fondo que permitirían, no sólo enfrentar en mejores condiciones la caída de la demanda que van a sufrir estos países como consecuencia de la crisis mundial, sino también lograr un paulatino avance hacia una zona económica integrada de los países del ALBA y Ecuador.


Pero, junto a todas estas ventajas, que no son ni pocas ni menores, el proyecto necesitaría también dotarse de un elemento sobre el que Keynes asentaba la configuración de unas relaciones comerciales orientadas al desarrollo global y equilibrado más que a la intensificación radical de la competencia y la lucha por el mercado mundial. En este sentido, el SUCRE, si aspira a realmente a convertirse en el motor de un proceso regional de integración comercial y monetario alternativo, tendría también que hacer suyo un mecanismo de estabilización interno que, como el mismo Keynes planteaba, evite la acumulación de saldos tanto deudores como acreedores de cada uno de los países en la Cámara de Compensación. En efecto, en contra de la lógica impuesta durante décadas por el FMI y el Banco Mundial, ese mecanismo de estabilización interno debería estar orientado a tratar de evitar que el peso del ajuste del desequilibrio comercial de un país deficitario con respecto al resto recaiga sobre el primero y, a tal fin, es necesario que el país o los países superavitarios se corresponsabilicen en igual medida en la restauración del equilibrio global. La mejor manera de lograr ese resultado sería instaurando un mecanismo que obligara a aquellos países que presentaran en su cuenta en la Cámara un superávit con respecto al resto que se ubicara por encima de un límite prefijado a utilizar ese saldo excedentario en el estímulo de la demanda global. De esa forma, esos países estarían obligados a destinar dichos saldos excedentarios a incrementar sus importaciones desde los países deficitarios, a la financiación de proyectos productivos y de desarrollo en los mismos, o, directamente, a la ayuda internacional.


Para incentivar esta utilización de los fondos, se podría aplicar además la propuesta de Keynes de establecer una tarifa que gravase los saldos excesivos, de forma que su mantenimiento en forma improductiva se viera penalizada; propuesta que, en su caso, tenía el objetivo de motivar los países participantes a buscar un saldo equilibrado en su cuenta en la Cámara.Finalmente, hay que señalar que existe una importante diferencia en las condiciones de partida del SUCRE con respecto al Plan Keynes que provocan que aquél deba establecer algún mecanismo para blindarse. Y es que la Unión de Compensación Internacional de Keynes estaba concebida como un sistema cerrado en el que habrían participado todos los países de las Naciones Unidas, pudiendo aplicarse el principio de la igualdad de créditos y deudas y siendo imposible, por tanto, colocar fondos fuera del sistema. Sin embargo, el SUCRE sería un sistema cerrado dentro de otro abierto, el sistema monetario internacional, con la consiguiente vulnerabilidad del mismo antes intentos de desestabilización desde el exterior, ya sea por la vía de fuga de capitales como de especulación contra los tipos de cambio de las monedas que integran la cesta de donde nace el valor del sucre. Por esta razón parecería del todo punto necesario el establecimiento de algún tipo de control sobre los movimientos de capital en los países participantes –algo que, por otra parte, también proponía Keynes en su sistema. Esa sería la única manera de asegurar la estabilidad de la unidad de cuenta común sin tener que despilfarrar cantidades ingentes de divisas de manera infructuosa para ello.


De esta manera, el SUCRE se podría convertir en una zona de seguridad monetaria que promovería la reorientación del comercio hacia los países miembros y la integración intrarregional bajo los mismos principios del ALBA, es decir, los de la complementariedad, la cooperación, la solidaridad y el respeto a la soberanía. Esto supondría una alternativa con la que poder ejercer una relativa resistencia frente a la dictadura de los mercados financieros internacionales y abriría el camino a seguir por otros bloques regionales en su búsqueda de independencia y soberanía respecto a las grandes divisas internacionales.


Ricardo Molero Simarro es investigador en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo de Redacción de la revista Economía crítica y crítica de la economía (www.economiacritica.net)

lunes, 16 de marzo de 2009

China se resiste a compartir el salvavidas

Antoaneta Bezlova
IPS Noticias

China se concentrará en asegurarse la estabilidad de su economía antes de considerar siquiera ser el salvavidas de la comunidad internacional, que se hunde por la crisis financiera.

El primer ministro chino Wen Jiabao declaró este viernes, en su única conferencia de prensa prevista par este año, que la prioridad de Beijing será velar por los intereses nacionales.

En la gestión de las enormes reservas de divisas de China, "nuestra primera consideración son los intereses nacionales", afirmó el gobernante en el Gran Salón del Pueblo de Beijing al cierre de la sesión anual de ese órgano legislativo.

Sin embargo, "tenemos que considerar la estabilidad del sistema financiero internacional, pues los dos elementos están relacionados", agregó.

Ante la caída libre de los mercados y la falta de crédito que asfixian cada vez más a las economías de muchos países, los dos billones de dólares de reservas de China son la esperanza del mundo.

Pero el primer ministro chino dejó bien claro que Beijing pone condiciones para extender su mano.

Ante la consulta de si China consideraría aumentar su contribución al fondo de rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI), Wen respondió que ese compromiso debe ser voluntario y en función de las condiciones individuales de cada país.

"Creo que el aumento de contribución al FMI no debe corresponder a un solo país", remarcó, "sino a todos en función de su cuota", aportada a ese organismo multilateral de crédito.

Además expresó claramente su preocupación por la seguridad de las inversiones chinas en Estados Unidos cuando pidió al gobierno del presidente Barack Obama que "cumpla sus promesas de garantía".

"Le prestamos una enorme cantidad de dinero a Estados Unidos", alegó Wen, "y para ser honesto, estoy un poco preocupado". En tanto que mayor acreedor de ese país, China tratará de "evitar los riesgos" y salvaguardar sus propios intereses, aseguró.

China invirtió 696.000 millones de dólares en bonos del tesoro de Estados Unidos al 31 de diciembre.

El primer ministro dedicó una cantidad considerable de tiempo de la conferencia de prensa de dos horas, preparada de antemano, a defender la política de Beijing en el marco de la crisis financiera internacional y señaló que las autoridades estaban dispuestas a tomar medidas adicionales para impulsar su economía, la tercera del mundo.

China tiene "municiones adecuadas" para reforzar la frágil confianza del público y puede aumentar su paquete de estímulo de 585.000 millones de dólares en cualquier momento, aseguró el primer ministro.

Consciente del impacto que la permanente difusión de datos negativos tiene sobre la confianza depositada en el gobierno, Wen subrayó varias veces la necesidad de reforzar ese aspecto.

"La confianza es más importante que el oro y que el dinero", declaró durante la conferencia, televisada a todo el país.

"Lo primero y lo más importante es fortalecer la confianza. Sólo cuando lo hayamos logrado, tendremos más valor y fuerza y recién cuando tengamos valor y fuerza podremos superar las dificultades", sostuvo.

Pero cuatro meses después del anuncio del primer paquete de estímulo, la situación sigue igual de precaria. El producto interno bruto (PIB) creció 6,8 por ciento el año pasado, el más bajo desde 2001 y la mitad del contundente 13 por ciento de 2007.

Las inversiones superaron los pronósticos de 26, 5 por ciento en los primeros dos meses, respecto del mismo periodo del año anterior, pero la caída de las exportaciones significó la peor contracción comercial en muchos años.

El principal indicador de actividad económica de China de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cayó a su nivel más bajo en sus 26 años de historia, superando el bajón de 1989, año de la brutal represión de una manifestación pro democrática en la plaza de Tiananmen.

El Congreso Nacional del Pueblo aprobó este viernes el paquete de estímulo y un déficit presupuestal sin precedentes para este año, a fin de lidiar con la depresión. "Estamos preparados para una crisis prolongada y muy difícil", declaró Wen.

Uno de los "problemas más graves" de la debacle económica para el gobierno chino es el aumento del desempleo.

Unos 11 millones de trabajadores inmigrantes siguen sin empleo tras su regreso a China después del descanso de año nuevo, en enero según el calendario lunar, de acuerdo con estadísticas oficiales divulgadas esta semana.

Al Partido Comunista le preocupa la posibilidad de aumento del descontento social entre inmigrantes y los seis millones de universitarios que se recibirán este año y que no podrán encontrar trabajo.

"El acuerdo alcanzado entre el Partido Comunista y los intelectuales tras las manifestaciones pro democráticas de 1989 parece cada vez más frágil", señaló Ian Buruma, profesor de derechos humanos del Bard College de Nueva York.

Las autoridades les permitieron enriquecerse a cambio de un acuerdo tácito de que se mantuvieran al margen de la política, señaló Buruma esta semana en Beijing. "Pero ese pacto está a punto de romperse pues depende, en gran parte, de la promesa de prosperidad permanente".

Wen Jiabao reafirmó el compromiso del gobierno para lograr que el crecimiento del PIB sea de ocho por ciento este año, aun si las economías de Estados Unidos y Japón se contraen. El objetivo es "difícil, pero posible", si "nos esforzamos lo suficiente", dijo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Mensaje del XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo

Los 1 500 participantes de 52 países del mundo reunidos en el XI Encuentro Internacional sobre Globalización y Problemas en Desarrollo, acordaron hacer llegar al Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas Dr. Miguel D´Escoto el texto de la siguiente Declaración, con el objeto de que sea circulada a los países miembros:

"Teniendo en cuenta el complejo contexto internacional actual, se requiere de un análisis profundo y riguroso de la crisis y su impacto en el sector financiero y en la economía real. Su carácter global, hace imprescindible el rediseño del orden económico internacional y la reestructuración de su arquitectura financiera, considerando los intereses de toda la comunidad internacional.

Reconociendo, que cientos de millones de personas en el mundo ya son victimas de la actual crisis y que es previsible el agravamiento de su situación, es preciso impedir que se impongan decisiones conciliadas en círculos selectos y cerrados, cuyas deliberaciones pueden ser, en todo caso, solo un referente más dentro de este gran debate. En este sentido, se advierte sobre el peligro que supone ante la magnitud de los desafíos, recetar políticas y mecanismos económicos y sociales, al margen de la mayoría de los gobiernos y los pueblos.

El proceso de análisis y búsqueda de soluciones que se impone, debe ser inclusivo y, en particular, deberá incorporar activamente y con plenos derechos al conjunto de los países subdesarrollados, sus gobiernos y los movimientos populares. Los participantes en el XI Encuentro Internacional de Economistas declaramos que las Naciones Unidas, es el foro único y legítimo para este empeño, por ello, la Conferencia de Alto Nivel, convocada por el Presidente de la Asamblea General Dr. Miguel D´Escoto, a celebrarse del 1ro al 4 de Junio próximo, es el escenario idóneo.

Es allí donde deberá promoverse una salida progresiva de la crisis que contemple: la solución de los desequilibrios globales tanto de naciones industrializadas como de las denominadas economías emergentes; la reversión de la perversa distribución del ingreso a nivel internacional; la recuperación del papel del crédito en el fomento del desarrollo y la reestructuración de la institucionalidad comercial y financiera internacional en el marco de un rediseño del orden económico actual".

Dado en Ciudad de La Habana, Cuba, a los 6 días del mes de marzo del 2009.

Participantes en el XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo.

lunes, 9 de marzo de 2009

Fidel cita a Atilio Boron... (excelente documento para comprender la crisis mundial)

Reflexiones de Fidel

Finalizado el evento sobre Globalización y Desarrollo con la presencia de más de 1500 economistas, destacadas personalidades científicas y representantes de organismos internacionales reunidos en La Habana, recibí una carta y un documento de Atilio Boron, Doctor en Ciencias Políticas, Profesor Titular de Teoría Política y Social, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, PLED, aparte de otras importantes responsabilidades científicas y políticas.

Atilio, firme y leal amigo, había participado el jueves 6 en el programa de la Mesa Redonda de la Televisión Cubana, junto a otras eminencias internacionales que asistieron a la Conferencia sobre Globalización y Desarrollo.

Supe que se marcharía el domingo y decidí invitarlo a un encuentro a las 5 de la tarde del día anterior, sábado 7 de marzo.

Había decidido escribir una reflexión sobre las ideas contenidas en su documento. Utilizaré en la síntesis sus propias palabras:

"...Nos hallamos ante una crisis general capitalista, la primera de una magnitud comparable a la que estallara en1929 y a la llamada ‘Larga Depresión' de 1873-1896. Una crisis integral, civilizacional, multidimensional, cuya duración, profundidad y alcances geográficos seguramente habrán de ser de mayor envergadura que las que le precedieron.

"Se trata de una crisis que trasciende con creces lo financiero o bancario y afecta a la economía real en todos sus departamentos. Afecta a la economía global y que va mucho más allá de las fronteras estadounidenses.

"Sus causas estructurales: es una crisis de superproducción y a la vez de subconsumo. No por casualidad estalló en EEUU, porque este país hace más de treinta años que vive artificialmente del ahorro externo, del crédito externo, y estas dos cosas no son infinitas: las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades; el Estado se endeudó también por encima de sus posibilidades para hacer frente no a una sino a dos guerras no sólo sin aumentar los impuestos sino que reduciéndolos, los ciudadanos son sistemáticamente impulsados, por vía de la publicidad comercial, a endeudarse para sostener un consumismo desorbitado, irracional y despilfarrador.

"Pero a estas causas estructurales hay que agregar otras: la acelerada financiarización de la economía, la irresistible tendencia hacia la incursión en operaciones especulativas cada vez más arriesgadas. Descubierta la ‘fuente de juvencia' del capital gracias a la cual el dinero genera más dinero prescindiendo de la valorización que le aporta la explotación de la fuerza de trabajo y, teniendo en cuenta que enormes masas de capital ficticio se pueden lograr en cuestión de días, o semanas a lo máximo, la adicción del capital lo lleva a dejar de lado cualquier cálculo o cualquier escrúpulo.

"Otras circunstancias favorecieron el estallido de la crisis. Las políticas neoliberales de desregulación y liberalización hicieron posible que los actores más poderosos que pululan en los mercados impusieran la ley de la selva.

"Una enorme destrucción de capitales a escala mundial, caracterizándolo como una ‘destrucción creadora'. En Wall Street esta ‘destrucción creadora' hizo que la desvalorización de las empresas que cotizan en esa bolsa llega casi al 50 %; una empresa que antes cotizaba en bolsa un capital de 100 millones, ¡ahora tiene 50millones! Caída de la producción, de los precios, de los salarios, del poder de compra. ‘El sistema financiero en su totalidad está a punto de estallar. Ya tenemos más de $ 500.000 millones en pérdidas bancarias, hay un billón más que está por llegar. Más de una docena de bancos están en bancarrota, y hay cientos más esperando correr la misma suerte. A estas alturas más de un billón de dólares han sido transferidos desde la FED al cartel bancario, pero un billón y medio más será necesario para mantener la liquidez de los bancos en los próximos años'. Lo que estamos viviendo es la fase inicial de una larga depresión, y la palabra recesión, tan utilizada recientemente, no captura en todo su dramatismo lo que el futuro depara para el capitalismo.

"La acción ordinaria de Citicorp perdió el 90 % de su valor en 2008. ¡La última semana de febrero cotizaba en Wall Street a $ 1.95 por acción!

"Este proceso no es neutro pues favorecerá a los mayores y mejor organizados oligopolios, que desplazarán a sus rivales de los mercados. La ‘selección darwiniana de los más aptos' despejará el camino para nuevas fusiones y alianzas empresariales, enviando a los más débiles a la quiebra.

"Acelerado aumento del desempleo. El número de desempleados en el mundo (unos 190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de 2009. Los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros diarios) serán 1.400 millones, o sea el 45% de la población económicamente activa del planeta. En Estados Unidos la recesión ya destruyó 3,6 millones de puestos de trabajo. La mitad durante los últimos tres meses. En la UE, el número de desempleados es de 17,5 millones, 1,6 millones más que hace un año. Para 2009, se prevé la pérdida de 3,5 millones de empleos. Varios Estados centroamericanos así como México y Perú, por sus estrechos lazos con la economía estadounidense, serán fuertemente golpeados por la crisis.

"Una crisis que afecta a todos los sectores de la economía: la banca, la industria, los seguros, la construcción, etcétera y se disemina por todo el conjunto del sistema capitalista internacional.

"Decisiones que se toman en los centros mundiales y que afectan a las subsidiarias de la periferia generando despidos masivos, interrupciones en las cadenas de pagos, caída en la demanda de insumos, etcétera. EEUU ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el protectionismo podía ser ‘un mal necesario en tiempos de crisis'. El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a ‘consumir productos españoles.' Barack Obama, agregamos nosotros, promueve el ‘buy American!'.

"Otras fuentes de propagación de la crisis en la periferia son la caída en los precios de las commodities que exportan los países latinoamericanos y caribeños, con sus secuelas recesivas y el aumento de la desocupación.

"Drástica disminución de las remesas de los emigrantes latinoamericanos y caribeños a los países desarrollados. (En algunos casos las remesas son el más importante ítem en el ingreso internacional de divisas, por encima de las exportaciones).

"Retorno de los emigrantes, deprimiendo aún más el mercado de trabajo.

"Se conjuga con una profunda crisis energética que exige reemplazar al actual, basado en el uso irracional y predatorio del combustible fósil.

"Esta crisis coincide con la creciente toma de conciencia de los catastróficos alcances del cambio climático.
"Agréguese la crisis alimentaria, agudizada por la pretensión del capitalismo de mantener un irracional patrón de consumo que ha llevado a reconvertir tierras aptas para la producción de alimentos para ser destinadas a la elaboración de agrocombustibles.

"Obama reconoció que no hemos tocado fondo todavía, y Michael Klare, escribió en días pasados que ‘si el actual desastre económico se convierte en lo que el presidente Obama ha denominado ‘década perdida', el resultado podría consistir en un paisaje global lleno de convulsiones motivadas por la economía.'

"En 1929 la desocupación en EEUU llegó al 25%, al paso que caían los precios agrícolas y de las materias primas. Diez años después, y pese a las radicales políticas puestas en marcha por Franklin D. Roosevelt (el New Deal), la desocupación seguía siendo muy elevada (17 %) y la economía no lograba salir de la depresión. Sólo la Segunda Guerra Mundial puso fin a esa etapa. ¿Y ahora, por qué habría de ser más breve? Si la depresión de 1873-1896, como expliqué, duró ¡23 años!

"Dados estos antecedentes, ¿por qué ahora saldríamos de la actual crisis en cuestión de meses, como vaticinan algunos publicistas y ‘gurúes' de Wall Street.

"No se saldrá de esta crisis con un par de reuniones del G-20, o del G-7. Si una prueba hay de su radical incapacidad para resolver la crisis es la respuesta de las principales bolsas de valores del mundo luego de cada anuncio o cada sanción de una ley aprobatoria de un nuevo rescate: invariablemente la respuesta de ‘los mercados'.

"Según atestigua George Soros ‘la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas y a la construcción de infraestructuras ecológicas.

"Se abre un largo período de tironeos y negociaciones para definir de qué forma se saldrá de la crisis, quiénes serán los beneficiados y quiénes deberán pagar sus costos.

"Los acuerdos de Bretton Woods, concebidos en el marco de la fase keynesiana del capitalismo, coincidieron con la estabilización de un nuevo modelo de hegemonía burguesa que, producto de las consecuencias de la guerra y la lucha anti-fascista tenía como nuevo e inesperado telón de fondo el fortalecimiento de la gravitación de los sindicatos obreros, los partidos de izquierda y las capacidades reguladoras e interventoras de los estados.

"Ya no está la URSS, cuya sola presencia y la amenaza de la extensión hacia Occidente de su ejemplo inclinaba la balanza de la negociación a favor de la izquierda, sectores populares, sindicatos, etc.
"En la actualidad China ocupa un papel incomparablemente más importante en la economía mundial, pero sin alcanzar una importancia paralela en la política mundial. La URSS, en cambio, pese a su debilidad económica era una formidable potencia militar y política. China es una potencia económica, pero con escasa presencia militar y política en los asuntos mundiales, si bien está comenzando un muy cauteloso y paulatino proceso de reafirmación en la política mundial.

"China puede llegar a jugar un papel positivo para la estrategia de recomposición de los países de la periferia. Beijing está gradualmente reorientando sus enormes energías nacionales hacia el mercado interno. Por múltiples razones que serían imposibles discutir aquí es un país que necesita que su economía crezca al 8 % anual, sea como respuesta a los estímulos de los mercados mundiales o a los que se origine en su inmenso -sólo parcialmente explotado- mercado interno. De confirmarse ese viraje es posible predecir que China seguirá necesitando muchos productos originarios de los países del Tercer Mundo, como petróleo, níquel, cobre, aluminio, acero, soja y otras materias primas y alimentos.

"En la Gran Depresión de los años 30, en cambio, la URSS tenía una muy débil inserción en los mercados mundiales. China es distinto: podrá seguir jugando un papel muy importante y, al igual que Rusia e India (aunque éstas en menor medida) comprar en el exterior las materias primas y alimentos que necesite, a diferencia de lo que ocurría con la URSS en los tiempos de la Gran Depresión.

"En los 30s la ‘solución' de la crisis se encontró en el proteccionismo y la guerra mundial. Hoy, el proteccionismo encontrará muchos obstáculos debido a la interpenetración de los grandes oligopolios nacionales en los distintos espacios del capitalismo mundial. La conformación de una burguesía mundial, arraigada en gigantescas empresas que, pese a su base nacional, operan en un sinnúmero de países, hace que la opción proteccionista en el mundo desarrollado sea de escasa efectividad en el comercio Norte/Norte y las políticas tenderán -al menos por ahora y no sin tensiones- a respetar los parámetros establecidos por la OMC. La carta proteccionista aparece como mucho más probable cuando se la aplique, como seguramente se hará, en contra del Sur global. Una guerra mundial motorizada por ‘burguesías nacionales' del mundo desarrollado dispuestas a luchar entre sí por la supremacía en los mercados es prácticamente imposible porque tales ‘burguesías' han sido desplazadas por el ascenso y consolidación de una burguesía imperial que periódicamente se reúne en Davos y para la cual la opción de un enfrentamiento militar constituye un fenomenal despropósito. No quiere decir que esa burguesía mundial no apoye, como lo ha hecho hasta ahora con las aventuras militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán, la realización de numerosas operaciones militares en la periferia del sistema, necesarias para preservación de la rentabilidad del complejo militar-industrial norteamericano e, indirectamente, para los grandes oligopolios de los demás países.

"La situación actual no es igual a la de los años treintas. Lenin ‘el capitalismo no se cae si no hay una fuerza social que lo haga caer'. Esa fuerza social hoy no está presente en las sociedades del capitalismo metropolitano, incluido Estados Unidos.

"USA, UK, Alemania, Francia y Japón dirimían en el terreno militar su pugna por la hegemonía imperial.
"Hoy, la hegemonía y la dominación están claramente en manos de USA. Es el único garante del sistema capitalista a escala mundial. Si USA cayera se produciría un efecto dominó que provocaría el derrumbe de casi todos los capitalismos metropolitanos, sin mencionar las consecuencias en la periferia del sistema. En caso de que Washington se vea amenazado por una insurgencia popular todos acudirán a socorrerlo, porque es el sostén último del sistema y el único que, en caso de necesidad, puede socorrer a los demás.

"EEUU es un actor irreemplazable y centro indiscutido del sistema imperialista mundial: sólo él dispone de más de 700 misiones y bases militares en unos 120 países que constituyen la reserva final del sistema. Si las demás opciones fracasan, la fuerza aparecerá en todo su esplendor. Sólo EEUU puede desplegar sus tropas y su arsenal de guerra para mantener el orden a escala planetaria. Es, como dijera Samuel Huntington, ‘el sheriff solitario'.

"Este ‘apuntalamiento' del centro imperialista cuenta con la invalorable colaboración de los demás socios imperiales, o con sus competidores en el área económica e inclusive con la mayoría de los países del Tercer Mundo, que acumulan sus reservas en dólares estadounidenses. Ni China, Japón, Corea o Rusia, para hablar de los mayores tenedores de dólares del planeta, pueden liquidar su stock en esa moneda porque sería una movida suicida. Claro está, que esta también es una consideración que debe ser tomada con mucha cautela.

"La conducta de los mercados y de los ahorristas de todo el mundo fortalece la posición norteamericana: la crisis se profundiza, los rescates demuestran ser insuficientes, el Dow Jones de Wall Street cae por debajo de la barrera psicológica de los 7.000 puntos -¡descendiendo por debajo de la marca obtenida en 1997!- y pese a ello la gente busca refugio en el dólar, ¡cayéndose las cotizaciones del euro y el oro!
"Zbigniev Brzezinski ha declarado: ‘estoy preocupado porque vamos a tener millones y millones de desocupados, mucha gente pasándola realmente muy mal. Y esa situación estará presente por un tiempo antes de que las cosas eventualmente mejoren'.

"Estamos en presencia de una crisis que es mucho más que una crisis económica, o financiera.
"Se trata de una crisis integral de un modelo civilizatorio que es insostenible económicamente; políticamente, sin apelar cada vez más a la violencia en contra de los pueblos; insustentable también ecológicamente, dada la destrucción, en algunos casos irreversible, del medio ambiente; e insostenible socialmente, porque degrada la condición humana hasta límites inimaginables y destruye la trama misma de la vida social.

"La respuesta a esta crisis, por lo tanto, no puede ser sólo económica o financiera. Las clases dominantes harán exactamente eso: utilizar un vasto arsenal de recursos públicos para socializar las pérdidas y reflotar a los grandes oligopolios. Encerrados en la defensa de sus intereses más inmediatos carecen siquiera de la visión para concebir una estrategia más integral.

"La crisis no ha tocado fondo", dice. "Nos hallamos ante una crisis general capitalista. Nunca alguna otra fue mayor. La que tuvo lugar entre 1873 y 1896, duró 23 años, se llamó Larga Depresión. La otra muy grave fue la de1929. Duró igualmente no menos de 20 años. La actual crisis es integral, civilizacional, multidimensional."

De inmediato añade: "Es una crisis que trasciende con creces lo financiero, lo bancario y afecta la economía real en todos sus departamentos".

Si alguien toma esta síntesis y la lleva en el bolsillo, la lee de vez en cuando o se la aprende de memoria como una pequeña Biblia, estará mejor informado de lo que ocurre en el mundo que el 99% de la población, donde el ciudadano vive asediado por cientos de anuncios publicitarios y saturado con miles de horas de noticias, novelas y películas de ficción reales o falsas.

Fidel Castro

sábado, 7 de marzo de 2009

Expertos afirman que crisis económica global será larga

Por Prensa -Latina

La Habana, 6 oct (PL) Varios expertos coincidieron hoy aquí en un encuentro internacional sobre globalización, en que la actual crisis económica global será larga y es la mayor desde la gran depresión de 1929.

  • Presidentes y personalidades reconocen importancia del ALBA
  • Finalizan en Cuba debates sobre crisis económica y globalización

    El director del programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales, Atilio Borón, contrastó que la presente debacle tiene carácter sistémico, a diferencia de aquella.

    Agregó que está acompañada de crisis energética, alimentaria, del agua, ambiental y otras complicaciones, y es la más compleja y más dura.

    La recuperación no se va a resolver en varios trimestres, como alegremente afirman publicistas defensores del sistema neoliberal, incluso autoridades norteamericanas reconocen que podría extenderse por una década, precisó.

    Continúa sin tocar fondo la recesión, y prueba de ello es que las bolsas de valores a escala planetaria siguen cayendo pese a inyecciones de capital, dijo.

    Borón llamó a denunciar la verdadera naturaleza y dimensión de la crisis, que los neoliberales tratan de ocultar cuando aseveran que es sólo financiera o bancaria y de la que se saldrá dentro de los moldes del sistema.

    El experto hizo esas reflexiones en el Panel en Defensa de la Humanidad, como parte del XI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del desarrollo, que concluye hoy aquí.

    Por su parte, Francois Houtar, del Centro Tricontinental, de Bélgica, centró su exposición en el papel de los intelectuales en la construcción de una era de post capitalismo y la transición al socialismo.

    En ese sentido destacó la necesidad de crear una conciencia colectiva y un nuevo sujeto histórico, que podría estar constituido, además de los obreros, por campesinos sin tierra, estudiantes, mujeres y otros componentes de la sociedad explotados en esta etapa de globalización neoliberal.

    También resaltó el papel positivo desempeñado por los Foros Sociales Mundiales en el surgimiento del factor subjetivo que permita derrotar el sistema de producción prevaleciente.

    Disertaron, además, Salim Lamrani, investigador y profesor de Argelia; y Jorge Angel Hernández, presidente de la Asociación de Escritores y Artistas, Villa Clara, Cuba.

  • viernes, 6 de marzo de 2009

    Dinamitar paraisos fiscales



    "Hay que dinamitar los paraísos fiscales", ha dicho recientemente ( ABC, 18/02/09 ) el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, D. Strauss-Kahn, poco sospechoso de militar en las filas de los denostados antiglobalización o antisistema. ¿Por qué? ¿Por qué si hasta ayer mismo como quién dice, antes del estallido de la crisis financiera, a nadie en su sano juicio neoliberal se le ocurría cuestionar la existencia de esas lavanderías de dinero sucio, ahora se las quiere dinamitar? ¿Por qué razón que nada tiene que ver con la ética es ahora indispensable suprimirlas?

    No es por razones morales, generalmente reñidas con las siempre triunfantes razones pragmáticas. Luego si no es por razones morales, que siempre estuvieron claras aunque fueran ignoradas y aún despreciadas olímpicamente por la razón neoliberal, tendrá que ser por algún motivo que los inesperados dinamiteros consideren esencial. Y el motivo, aunque no lo confiesen abiertamente, es que los paraísos fiscales se han convertido ahora en un obstáculo para la refundación del sistema financiero internacional, porque con ellos escapa del sistema una parte considerable de la riqueza que es absolutamente incontrolable.

    Esa situación resultaba tolerable y de hecho era permitida por los Estados durante el auge de la globalización neoliberal, pero ahora cuando la crisis golpea cada día con mayor fuerza al sistema y quiebran las empresas y crece el desempleo y el Estado no puede seguir mirando hacia otra parte como hacía hasta ahora, también ha llegado la hora de que los Estados, en una situación de emergencia del sistema, obliguen a los capitales fugados, evadidos, escondidos en las indecentes madrigueras fiscales a aflorar. Y si no es por las buenas, con benevolentes amnistías fiscales, por las malas, usando la dinamita de la presión política y económica que siempre tuvieron y nunca quisieron emplear.

    En definitiva, los paraísos fiscales son una licencia, un lujo que hoy el sistema no se puede permitir. Cuando la falta de liquidez del enloquecido sistema financiero neoliberal agrava lo que ya se ha convertido en una crisis productiva, es necesario rescatar la riqueza que permanece oculta en los paraísos fiscales.

    Es indispensable si se quiere instaurar un modelo de arquitectura financiera regulada sin excepciones. Es indispensable si los Estados quieren recuperar unos recursos sin los que difícilmente podrán tratar de reanimar la decaída actividad productiva. Es indispensable si se quiere contener la rabia, la cólera creciente de quienes desempleados, empobrecidos contemplan con indignación la insolidaridad de aquellos que cobijan sus inconfesables fortunas en los santuarios consentidos de los paraísos fiscales.

    jueves, 5 de marzo de 2009

    EEUU, ¿nacionalizar los bancos?

    Alejandro Nadal
    La Jornada

    Estados Unidos parece encaminarse a la nacionalización de buena parte del sistema bancario. Pero Obama prefiere no oír hablar del tema, y parece que su equipo tiene prohibido pronunciar las sílabas malditas: na-cio-na-li-za-ción.

    Sin embargo, en materia de bancos es posible que ese sea el único camino, porque hasta el momento nada parece estar funcionando. Ayer los mercados se desplomaron por el temor de que nada de lo que planea hacer Obama dará resultado: es probable que su paquete de estímulo fiscal (de 787 mil millones de dólares) no sea suficiente para darle a la economía estadunidense los electrochoques que necesita.

    Lo cierto es que el crédito sigue sin fluir: es claro que el primer paquete de rescate bancario no tuvo el resultado esperado. Era de esperarse porque la ayuda no llevaba condiciones: los banqueros podían hacer lo que quisieran con esos recursos. Y como en plena crisis las operaciones de crédito son arriesgadas, no es sorprendente que los dichosos banqueros se hayan dedicado a todo menos a prestar.
    Pero la explicación más importante es que los estados financieros de los bancos están contaminados hasta la médula por activos tóxicos. El significado es portentoso: hoy los principales bancos estadunidenses están en la insolvencia. Estimaciones confiables indican que las pérdidas del sector bancario alcanzan 1.8 billones de dólares. Si esos números son correctos, la espina dorsal del sistema bancario estadunidense está fracturada. Para restaurar este cuadro clínico se requieren cantidades astronómicas de capital debido al fuerte apalancamiento de estas actividades.
    El 9 de febrero el secretario del Tesoro presentó su plan para rescatar a los bancos y poner nuevamente en marcha a la economía. El punto importante es que Geithner sigue el mismo camino de su predecesor Paulson al proponer un plan muy amistoso para el sector bancario, con una pesada carga para el fisco.
    Geithner propuso la creación de entidades público-privadas encargadas de promover la compra de los activos tóxicos (cartera vencida y sus derivados) en poder de los bancos para sacarlos de las hojas de balance. Pero hay varios problemas con este plan. Para comenzar, no se sabe quién va a comprar esos activos porque el plan también promete reducir los pagos de las hipotecas. Es decir, el valor de activos respaldados por la hipotecas de segunda categoría bajaría todavía más.
    Por supuesto, la raíz del problema es que el precio real de esos activos tóxicos está por el piso. Venderlos a ese importe implicaría que muchos de los grandes bancos tendrían capital social negativo y desaparecerían. Los bancos, evidentemente, no están de acuerdo con vender estos activos a un precio de mercado tan castigado. Pero comprarlos a precios nominales sería un regalo desmedido a los bancos y un escándalo político. Geithner prefirió quedarse donde dejó las cosas Bush. El mercado bursátil no se dejó impresionar y al día siguiente se derrumbó.
    Pero el plan Geithner sí deja ver que la nacionalización no es la prioridad de Obama. Ese podría ser su error histórico porque hoy parece que sólo una nacionalización podría romper el nudo gordiano de los activos tóxicos, limpiar la contabilidad de esos establecimientos y reanudar la actividad bancaria convencional (tanto en la captación como en el otorgamiento de préstamos).
    Obama podría incluso ofrecer una nacionalización temporal. Dentro de unos años, cuando ya se tenga un nuevo sistema regulatorio, los bancos serían reprivatizados. Y se podría recurrir a esquemas redistributivos muy interesantes para recolocar a los bancos en el sector privado. Uno consistiría en distribuir el valor de las acciones de estos bancos entre los causantes: después de todo, es con su dinero que se pudieron recapitalizar y sanear esos establecimientos.
    Pero Obama se opone diciendo que el costo de una nacionalización sería muy elevado. Eso es discutible. De hecho, si a costos vamos, hay que notar que de septiembre a enero la Reserva Federal aumentó su hoja de balance en 1.2 billones de dólares y ahora se niega a revelar los nombres de las instituciones beneficiarias. Es claro que el costo del rescate ya supera lo autorizado por el Congreso y la transparencia es nula. Varios circuitos de la economía estadunidense han recibido una fuerte inyección de liquidez en estos meses. En algún momento, todo esto va a revertirse, con presiones inflacionarias difíciles de controlar. Obama podría lamentarse de no haber nacionalizado los bancos cuando podía.
    ¿Por qué sabe tan amarga la píldora de la nacionalización de los bancos en Estados Unidos? Marx diría que en Estados Unidos solamente ha imperado el modo de producción capitalista. Ni esclavismo (la economía sureña no cae en esta categoría) ni feudalismo: sólo el mundo del capital. Eso conduce a una visión ahistórica del mundo. Sólo existe el capital, eterno y natural. ¿Nacionalizar? Uy, no, ¡qué horror!

    La explosión del desempleo

    Ignacio Ramonet
    Le Monde Diplomatique

    Hay que repetirlo: la crisis aún no ha tocado fondo. Y las próximas noticias van a ser peores. Las Bolsas siguen desplomándose. Los planes de rescate fracasan uno tras otro. No impiden que las principales economías del mundo -Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, España- entren en recesión. Grandes o pequeños, los bancos se hallan en situación objetiva de quiebra. Si no se nacionaliza la banca urgentemente y en bloque, el sistema financiero occidental podría perecer. Lo más grave es que esta nueva fase de la crisis arrastrará a algún país en su caída. Por ejemplo: Irlanda, inmersa en una grave recesión, con un sector bancario muy vapuleado y un déficit público que podría elevarse hasta el 11% del PIB. Otros países (Letonia, Estonia, Ucrania, Pakistán) podrían declararse en quiebra. El huracán económico se ha llevado por delante una cuarta parte de la riqueza mundial. Y está provocando, en casi todo el planeta, el cierre de fábricas, la explosión del desempleo, una escalada proteccionista y la radicalización de las protestas sociales.

    Causa de pobreza, de angustia y de exclusión, la lepra del desempleo se extiende. En Estados Unidos, la recesión ha destruido 3,6 millones de puestos de trabajo, a un ritmo nunca visto. La mitad durante los últimos tres meses. El total de parados ya asciende a 11,6 millones. Y firmas gigantes como Microsoft, Boeing, Caterpilar, Kodak, Pfizer, Macy's, Starbucks, Home Depot, SprintNextel o Ford Motor planean desprenderse de 250.000 asalariados en 2009. La confianza de los consumidores se ha desplomado. En China, la caída de las exportaciones provoca el hundimiento de la producción fabril y despidos masivos. Más de 20 millones de trabajadores venidos del campo han perdido su empleo. En la India, entre octubre y diciembre de 2008, medio millón de puestos de trabajo se destruyeron. En Francia, una cifra resume la magnitud del seísmo: el número de horas de paro forzoso pasó de 200.000 en enero de 2008 a 13 millones en diciembre (1). Ya hay más de 2,5 millones de desempleados. Y para los menores de 25 años, el aumento de la tasa de paro alcanzó, en 2008, el 20%... En España, durante el pasado mes de enero, el número de despidos aumentó en casi 200.000 personas; y el total de desocupados sobrepasa ya los 3.320.000. En 2009, el paro afectará a unos 850.000 trabajadores más, con lo cual la suma de parados superará los cuatro millones... Más de 827.000 hogares cuentan con todos sus miembros desempleados... En la UE, el número de parados es de 17,5 millones, 1,6 millones más que hace un año. Y para 2009, se prevé la pérdida de 3,5 millones de empleos. En 2010, la desocupación escalará hasta el 10% de la población activa. En Sudamérica, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2009, se registrará un aumento de 2,4 millones de desempleados. Si bien los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay), así como Venezuela, Bolivia y Ecuador, podrían capear el temporal, varios Estados centroamericanos, México y Perú, por sus lazos con la economía estadounidense, sufrirán. El director general de la OIT, Juan Somavía, estima que el número de desempleados en el mundo (190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de 2009. Y recuerda que los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros diarios) serán 1.400 millones, o sea el 45% de la población activa mundial (2). La brutal explosión del desempleo provoca naturalmente el retorno del nacionalismo económico. Rusia ha decidido elevar el gravamen para los coches importados y ha introducido aranceles a la carne de ave y de cerdo. Ecuador lo ha hecho para los teléfonos móviles y el material de transporte. La India ha anunciado que prohibirá durante seis meses la importación de juguetes de China. Argentina e Indonesia han creado nuevos aranceles para limitar algunas importaciones. Grecia ha prohibido a sus bancos que socorran a las sucursales en otros países balcánicos. EEUU ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. No ayuda a las multinacionales extranjeras (Toyota, Kia, Volkswagen, Volvo) instaladas en su territorio. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el protectionismo podía ser "un mal necesario en tiempos de crisis". El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a "consumir productos españoles". Y en Alemania, gran país exportador, una reciente encuesta reveló que el 78% de los empresarios de PYME eran favorables a medidas protectionistas (3). Este auge del nacionalismo económico está provocando brotes de xenofobia. En Reino Unido, uno de los países más golpeados por la crisis, con unas previsiones de reducción de la actividad del 2,8%, miles de obreros del sector de la energía, gritando la consigna " UK jobs for British workers! " ("Empleos británicos para trabajadores británicos"), se declararon en huelga contra la contratación de trabajadores portugueses e italianos en las obras de la refinería Total de Lindsey (Lincolnshire). Al mismo tiempo, en ese mismo país, cientos de miles de polacos eran "invitados" a regresar a su tierra natal. Igual en Irlanda, donde el sentimiento antipolaco crece a medida que aumenta el índice de desempleo. En Italia se está expulsando sin miramientos a los rumanos. Y en todas partes se cuestiona el derecho de residencia de los inmigrantes legalmente establecidos (léase, p. 3, el artículo de Javier de Lucas ). En numerosos países, grandes empresarios o banqueros que reclaman a gritos -y obtienen del Estado- ayudas millonarias, se aprovechan de la crisis para despedir a mansalva y reducir costes. Una actitud que, en el actual contexto de crecimiento descontrolado del desempleo, enfurece. Por eso se multiplican las protestas sociales. Las turbulencias ya han causado la caída de los Gobiernos de Bélgica, Islandia y Letonia. Se han registrado manifestaciones en Francia, con una huelga nacional el 29 de enero, enfrentamientos violentos en Guadalupe y una nueva jornada nacional de acción prevista para el 19 de este mes. Los países más vulnerables de la UE: Hungría, Bulgaria, Grecia, Letonia, Lituania... también han registrado protestas y disturbios más o menos violentos. Para los ciudadanos, el desempleo es una de las peores formas de represión; una demostración en carne propia de la violencia del capitalismo. Por eso la rabia. Se avecinan tiempos sombríos. El concepto de crisis no alcanza a explicar el momento que estamos viviendo. Un cambio de era. Una mutación de valores. ¿Una esperanza de justicia y de progreso?

    La Ideología del libre comercio. Por Juan Torres Lopez - Rebelion

    Un profesor neoliberal con fama de estar entre los economistas más sabios del lugar, Andreu Mas-Colell, escribe en el diario El País un artículo en el que ataca al proteccionismo comercial y defiende al libre cambio como una alternativa más provechosa para las naciones y los individuos.
    Recurre a la ciencia económica para argumentar del modo más solemne sus planteamientos y dice: "La teoría económica al uso ha demostrado que un mundo informado por el libre comercio ofrece garantías de un resultado económico superior al de un mundo dominado por barreras al comercio".
    Cualquier lector no estudioso de la economía concluirá entonces que no hay nada más que hablar. Si toda una ciencia establece tal principio, no hay sino que aceptarlo como una verdad profunda e indiscutible.
    Lo que ocurre es que lo que dice el análisis económico al respecto no es exactamente lo que Mas-Colell predica.
    La teoría económica demuestra eso pero si y solo si se dan una serie de condiciones. A saber:
    a) Los mercados son de competencia perfecta, lo que significa que en ellos ningún productor ni ningún consumidor tiene poder sobre los precios; que el producto que se intercambia es homogéneo y que los productores no pueden diferenciarlo de otros; que la información de productores y consumidores es perfecta y gratuita sobre todas las condiciones que afectan al intercambio; y que no hay barreras de entrada y salida al mercado. Además, debe ocurrir que todos los costes generados por los intercambios puedan ser tenidos en cuenta en el cómputo de l
    los precios.
    b) Los efectos negativos sobre la renta de algunos agentes que pueda producir el libre comercio se verán siempre compensados, de manera que las pérdidas globales siempre serán menores que las ganancias obtenidas.
    c) Los despedidos de las industrias afectadas como consecuencia de que una nación permita que los productos de fuera entren libremente en su interior encontrarán trabajo en las industrias con ventaja respecto al exterior, de modo que no se reducirán globalmente los ingresos.
    d) No deberán existir costes derivados del cambio estructural necesario para ajustarse a las condiciones que imponga la competencia exterior (desmantelamiento de fábricas, desplazamiento de personal...).
    e) Los individuos han de cobrar en función de sus habilidades personales en cualquiera que sea la industria en la que estén colocados. De esa manera, se supone que si son trasladados a otro puesto de trabajo seguirán cobrando los mismos salarios.
    Y ahora díganme los lectores: ¿creen ustedes que es posible que esas exigencias se den en la realidad? Y entonces, ¿creen ustedes que de verdad puede decirse que la teoría económica demuestra que el libre cambio "ofrece garantías de un resultado económico superior al de un mundo dominado por barreras al comercio"?.
    Es verdad que lo demuestra pero como un mero ejercicio intelectual a partir de presupuestos teóricos que es imposible que se den en la realidad.
    Se trata, pues, de una ficción teórica, de pura ideología. Aunque gracias a ella se pueden establecer imposiciones políticas favorables a los más ricos como si en realidad fueran verdades científicas.
    La prueba de esto último es que los países que tienen poder suficiente para hacer lo que quieren y lo que más les conviene (Estados Unidos, Unión Europea y Japón casi exclusivamente) son proteccionistas y lo han sido siempre. Es más, no hay ni un solo país en la historia del mundo que haya logrado convertirse en una potencia económica sin haber utilizado medidas proteccionistas.
    ¿Por qué predican entonces el librecambio?
    Sencillamente, porque lo que les conviene a los poderosos es protegerse ellos y obligar a que los demás renuncien a cualquier forma de protección.
    Estados Unidos, la Unión Europea y Japón obligan a que los demás países eliminen cualquier tipo de barrera proteccionista pero luego establecen aranceles sobre los productos que no le interesa que lleguen a su territorio a precios más competitivos.
    Lo que quieren es que los demás sean librecambistas mientras ellos se protegen al máximo.
    De esa forma es como se han podido quedar con los mercados a donde antes no llegaban. Y ahora, cuando ya los controlan todos, dicen que por fin van a abrirse y que renunciarán al proteccionismo. Ahora que ya no tienen competencia ninguna porque han arruinado a los productores a los que han venido cerrando las puertas durante decenios.
    Lo que necesita el mundo no es, por tanto, reclamar la ideología librecambista, que no practican los ricos ni están dispuestos de veras a practicarla, salvo cuando hayan acabado con todo tipo de competencia.
    Lo que se necesita es restituir y garantizar el bienestar efectivo de todos los seres humanos y eso requiere una regulación global orientada por nuevos principios morales colectivos y no por el libre albedrío de solo los más ricos del planeta.
    Lo que hace falta es un nuevo proteccionismo orientado a proteger a los países e industrias que han sido criminalmente empobrecidos, a proteger el medio ambiente y a proteger a los seres humanos.
    La defensa del librecambio es un simple discurso ideológico. Con él se pueden llenar docenas de pizarras con brillantes ecuaciones teóricas pero que nunca podrán reflejar ninguna realidad social y que, precisamente por eso, lo único que hacen es distraer la atención y evitar que se adopten las soluciones políticas de restitución y de regeneración que hacen falta.
    Ahora estamos viviendo las consecuencias del fundamentalismo que llevó a considerar que los mercados financieros funcionaban mejor sin regulación, dejando que cada uno hiciera lo que quisiera.
    Pero a pesar de su fracaso tan inmenso, los teóricos que lo urdieron no aprenden y se aprestan a rediseñar el mismo fundamentalismo en el campo del comercio, y especialmente en el de los productos alimentarios o de recursos como el agua.
    Sin darse tiempo ni para respirar, mucho menos para rectificar, ya se han puesto a alimentar la próxima bomba de relojería.
    Es necesario detenerla.
    Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla).
    Su página web: http://www.juantorreslopez.com